Desgraciadamente, en estos tiempos complicados, muchas familias están teniendo que asumir la pérdida de un familiar querido en circunstancias especialmente duras. Os queremos presentar una serie de recomendaciones que hemos elaborado junto a otros compañeros/as de profesión.

 

familias en duelo en tiempos del covid19

 

 

 

Os queremos presentar un artículo en el que hemos colaborado:

https://elpais.com/elpais/2020/04/03/mamas_papas/1585897187_408776.html 

Muchos padres y madres nos están contando, durante estos días de encierro, que se ha acentuado en su hijo/a su aspecto más demandante, “está más pegajoso”, “quieres estar todo el rato conmigo”.

 

¿Es normal? ¿Qué puedo hacer?

 

Algunas reflexiones

 

Un niño/a plasta, demandante de atención, es un niño normal. 

Winnicott, un famoso psicoanalista y pediatra, decía que un niño sano es un niño molesto.

No es como nos gustaría que fuera, pero sin duda, un niño/a que reclama a los padres y lucha por que le hagan caso entra dentro de lo previsible y “es un poco lo suyo” y si fuera lo contrario y el niño nos dijera, “no, mamá, vete a descansar y luego cuando ya estés más relajada, jugamos un poco, si te parece” pues nos daría hasta un poco de susto.

Lo mismo pasa con adolescentes retadores, cuestionadores y “que ya lo saben todo” (que muchos padres y madres lo llevamos fatal), pues también entra dentro de su momento vital de buscarse a  través de la oposición con los padres. (Lo cual, por supuesto, no quiere decir que no les paremos los pies).

 

En estos tiempos, puede que se esté acentuando debido a las circunstancias especiales que vivimos, de poco desahogo e intensa convivencia compartida.

 

 Pero también puede ser un buen momento para preguntarse cómo ayudar como padre a nuestro hijo. Porque un niño, si se pone demasiado demandante, puede ser,  o bien porque no se siente escuchado, o bien porque no tiene límite a sus demandas.

 

Y a veces, los padres, si caemos en la cuenta de nuestro papel, sin duda fundamental, podemos ayudar a que nuestros hijos sean más insistentes que asfixiantes, más tenaces que cabezotas, más autónomos que dependientes. 

 

Y por lo tanto, podemos lograr que nuestra familia funcione mejor en este encierro incierto y agobiante.

 

Los psicólogos entendemos la familia como un sistema de relaciones complejo, donde determinadas conductas o roles de los hijos,  puede ser potenciados o no, según el vínculo que establecen sus padres con respecto a esa conducta. 

Muchas veces el rol de un hijo tiene un contra-rol en alguno de los progenitores que lo alimenta. Estas relaciones, frecuentemente,  no son conscientes y por eso es bueno caer en la cuenta de ellas. 

 

Un niño “excesivamente pesado”, que quiere llamar constantemente la atención de los padres o de alguno de ellos, probablemente tenga un padre/ madre o ambos, que se estén colocando  en un lugar para que esta actitud siga sosteniéndose.

 

Puede que hablemos de una dificultad de comunicación o puede que hablemos de excesiva presencia de los padres. A  primer estilo lo hemos llamado “posición piloto automático” y al otro “posición siempre-presente”..

 

“Posición piloto automático” 

 

Sin duda, hay momentos en que es muy necesario meter una marcha más para organizarse y dinamizar a los hijos para que, por ejemplo, cumplan con sus rutinas, pero no podemos estar siempre así.

 

Cada hijo, como todas las personas, busca sentirse escuchado y atendido por sus padres porque quiere tener su lugar en su familia, en el mundo  y quiere que ese lugar sea importante y valorado.

 

A veces, incluso en estos tiempos de confinamiento, en los aunque no hay otra opción y podemos disfrutar más de ellos, ponemos el piloto automático y no nos enteramos bien de lo que ilusiona o preocupa a nuestro hijo/a. Tiene que haber momentos en que nuestros hijos se sientan escuchados y atendidos . 

 

Puede que estemos demasiado imbuidos en nuestras preocupaciones y quehaceres (lo cual, insisto que es muy necesario) pero no siempre se puede estar y no estar. Es decir, estar con tus hijos pero tener la mente en otro lado, porque al final , ni te enteras de lo que está pasando con tus hijos, ni tampoco eres efectivo en lo que estás pensando. 

 

A veces vamos tanto como pollos sin cabeza que no somos capaces de escuchar bien. 

 

A veces lo urgente, no nos hace ver lo importante, y al querer resolver todo ya, perdemos capacidad de planificación y de discernimiento.

 

Y si estamos así mucho tiempo (pueden pasar hasta años), no nos hemos dado cuenta de que el tiempo ha pasado y nuestros hijos han crecido. Y nos quedamos perplejos y arrepentidos, porque tenemos la sensación de que no nos hemos enterado. 

 

“Posición siempre presente”

 

Otro tipo de lugar, que pueden ocupar los padres, es la posición “siempre presente”.

 

Todos vemos claro, que la presencia amorosa de los padres con los hijos es fundamental, sin embargo, nos cuesta más ver que también es fundamental la “no intervención” o “a ver cómo te las apañas” (que es también amorosa) con los hijos para que sean felices.

 

Si nos colocamos asiduamente en la “posición siempre presentes”, por supuesto, que nuestro hijo/a va a ser pegajoso, va a ser agobiante, porque va a recurrir siempre a nosotros para cualquier cosa.

Y no significa abandonarlos, tirarles a la piscina sin saber nadar, sino fomentar que haga, todo lo que pueda hacer en su edad. Y de verdad, que es capaz de hacer muchas más cosas de las que creemos. 

 

Y muchos padres y madres nos dicen, pero es que es él que me lo pide. Claro, muchas veces lo primero que les sale es “no puedo”, que traducido podría ser como: “Házmelo tú, que eres más rápido, lo haces mejor y para mí es más cómodo”. 

 

Sin embargo, si resolvemos constantemente, su corteza prefrontal, su capacidad de planificación y de resolución de conflictos no se desarrolla, sino que nos convertimos nosotros en su corteza prefrontal. Y entonces sí que se vuelven pegajosos.

 

Porque en estos tiempos de cuarentena, es necesario equilibrar el estar y el no estar con los hijos, el que juguemos todos y el que jueguen solos, el que les ayudemos en aspectos puntuales en el estudio y ellos vayan cumpliendo con las tareas que les encomiendan.

 

Porque si estamos “siempre presentes”, estamos volcados con nuestros hijos  y dejamos de ocupar nuestro lugar como personas, somos sólo padres.

 

Y al contrario de lo que pueda parecer, si los padres, dejan de ocuparse de sus deseos, abandonan su lugar como personas,que necesitan amor, afecto, reconocimiento y proyectos, más allá de los hijos, eso, tiene consecuencia negativas sobre los hijos, “pagan el pato” de unos padres que su vida exclusivamente son ellos.

 

En estos tiempos de encierro, también los padres, necesitan espacio para desarrollar sus proyectos más allá de los hijos, ya sea, ocupándose del amor, del desarrollo profesional (aunque para algunos esté la cosa peliaguda), para alguna afición o simplemente para descansar, aburrirse y no hacer nada. 

 

Propuestas

 

Por eso ante la pregunta de los padres “¿ y qué hago?”

 

Pues está bien empezar por plantearse ¿soy un padre o madre más de “piloto automático? ¿o soy más bien un padre o madre “siempre presente”? ¿O soy las dos cosas? ¿o ninguna de las dos?

 

Y si tu conclusión es que te  pones a menudo en la posición “piloto automático” puedes intentar aprovechar esta crisis del coronavirus  y plantearte algunas cuestiones:

 

Aprovechar este momento irrepetible (esperemos) de intensidad en la convivencia para conectar un poco más con sus mundos. Aprovechar para escucharles mejor.

 

Y es verdad, que algunos padres nos cuesta más y a otros menos, pero cuando conectamos, aunque a veces, no entendemos nada, es sin duda fascinante.

Fascinante como una niña de año y medio arropa a un osito con una manta y se pone contenta y luego se va y pasa a otra cosa mariposa. Fascinante como un niño de ocho años juega a ganadero y lleva a una manada de vacas (¡que no todo sean pantallas!), fascinante como una adolescente de 13 años se encierra en su cuarto a escuchar música, a chatear con sus vitales amigos, a hacer cosas muy parecidas a las que hacíamos nosotros con su edad. 

(Bueno, es cierto que no todo es fascinante, cuando ya has leído ochenta veces un cuento con él o les has repetido otras doscientas lo que hay que hacer, pero a pesar de eso,  sigue siendo asombroso cómo ven el mundo ¿no?)

 

Y tus hijos sin duda que lo notan, les encanta (la de 13 lo va a disimular más) y tú, sin duda, vas a agradecer haberte dado cuenta de que el tiempo vuela y que incluso se podrá recordar el tiempo del coronavirus como el tiempo en el que se intensificaron vínculos familiares porque, aunque hubo bastantes momentos de estrés e incertidumbre, hubo momentos muy emocionantes.

 

Y si tu conclusión es que eres más de la posición de “siempre presente” porque no pruebas en estos días (también dentro de lo posible, pero de verdad, no es imposible) a reservarte un tiempo para cuidarte como persona (más allá de los hijos). Hay multitud de posibilidades para cultivar el amor, vínculos de amistad,  la autorrealización, el descanso, el relax, etc. 

Porqué no pruebas a intervenir menos en cómo tus hijos resuelven sus cosas, ofrecer sugerencias, pero dejarles que ellos prueben. A lo mejor es un buen momento, para que por ejemplo en el estudio, tú les acompañes y  les ayudes a reforzar su autonomía, su capacidad de planificación. Procura no tomar las riendas de su comunicación con los profesores.

 

¡Por qué no probar otros lugares desde donde comunicarse!

 

¡Cuesta, pero merece la pena!

 

Test adicional: ¿Cuánto tardarías en intervenir? 

Estamos viviendo unos momentos insólitos y nuevos para todos. Poco a poco, después de la vorágine de los primeros días, vamos adaptándonos como podemos a esta nueva situación.

Es verdad, que es una situación dura para las familias, desde muchos puntos de vista pero también están surgiendo oportunidades, como en toda crisis, oportunidades en las que nuestros hijos e hijas pueden obtener valiosos aprendizajes:

  • Oportunidad para participar más en el nosotros social.

 

Qué importante es que expliquemos a nuestros hijos (si son pequeños) porque aplaudimos todos los días a las ocho y que sean partícipes de este acto emocionante, que nos hace hacer un hueco en el ajetreo de nuestro cautiverio para pensar, aunque sólo sea por unos minutos, en las personas que se están dejando la piel por nosotros.

 

Nos permite empatizar con ellos y hacer algo para apoyarles (porque ellos dicen que les dan mucho ánimo nuestros aplausos).

 

Nuestros hijos están aprendiendo también, al encontrarnos con nuestros vecinos puntualmente todos los días, que las penas, compartidas, son menos penas, o como decimos los psicólogos, más pomposamente, sobre la importancia de compartir nuestras vivencias, que es ya en sí, una experiencia transformadora.

 

Pero es que aparte del aplauso, están surgiendo muchas iniciativas solidarias, ya sea a una mayor escala (como profesionales que ofrecen sus servicios de forma altruista) o en las redes (como las cartas a los pacientes hospitalizados) o videos y mensajes de humor, de cariño para abuelos, maestros, amigos, más o menos afectados por esta pandemia.

 

Y muchas veces nuestros hijos están sin duda siendo partícipes, incluso a veces, son ellos los que están teniendo la idea de formas de hacer algo por otros. (Hay adolescentes y jóvenes que se están ofreciendo a ayudar a sus vecinos de más edad a hacer la compra, a hacer recados).

 

Con lo cual, ganan en autoestima y en confianza de su capacidad de crear, de tener un papel activo y van entendiendo que no todo está hecho o no todo me lo tienen que hacer, no se convierten en individuos que tanto tememos los psicólogos, “personas pasivas en estado de queja, de reclamación permanente”.

 

  • Oportunidad para participar más en el nosotros familiar

 

Es cierto que nuestros hijos van a estar en momentos más nerviosos porque sin duda es una situación incómoda que les impide expandirse todo lo que necesitan. Por eso la situación exige, sin duda, de mayor flexibilidad y paciencia.

 

Pero también es un gran momento para que entiendan mejor que también tienen su parte de responsabilidad en que la familia como grupo funcione y está claro que ellos también tienen que cumplir con su parte y los padres son los que tienen que velar por ello.

 

Por eso, nuestra recomendación es que flexibilidad y paciencia sí, pero padres y madres que tragan con todo porque “los pobres, es que están muy nerviosos”, pues, tampoco.

 

Si tu hijo habla con un nivel altísimo todo el rato, lo normal es que cree un nivel de crispación en la familia que dificulte la convivencia, por eso, los padres deben hacerle entender que tiene que hablar más bajo para que la familia como grupo pueda estar más a gusto.

 

Si se ha pactado un momento de descanso en la familia, por ejemplo, un rato después de comer en el que puede haber siesta o simplemente descanso, cada uno por su lado o los padres juntos. Pues ese momento es importante que nuestros hijos también entiendan que es necesario respetarlo.

 

Si tu hijo/a tiene que, barrer la cocina, poner el friegaplatos, tender la ropa, etc., ya sea porque uno de los padres trabaja o está en cuarentena o simplemente porque es necesario, no puede dejar de hacerlo.

 

Es un buen momento también para que nuestros hijos afiancen o aprendan más   responsabilidades porque se sienten orgullosos si están siendo útiles de verdad a sus padres.

 

Y si cuesta que asuman ciertas responsabilidades, los padres tenemos que insistir en que lo hagan y no nos tenemos que sentir tan mal, tan autoritarios, tiranos, culpables por hacer cumplir unas normas, por descansar.

Y es que en el fondo nos cuenta entender, que no lo hacemos por arbitrariedad, capricho o egoísmo, sino que lo hacemos para que el grupo-familia funcione.

 

Si nosotros entendemos con más claridad lo importante que es y nos quitamos fantasmas internos, nos vamos a sentir mejor y por lo tanto, lo vamos a transmitir con más firmeza y nuestros hijos, sin duda, van a entender mejor el aprendizajes tan valiosos como la cooperación, la negociación y la capacidad de esperar para satisfacer las demandas.

 

  • Oportunidad para bajar nuestro nivel de autoexigencia.

 

De estos días parece de las preocupaciones más acuciantes surgían dos preguntas:

¿Cómo nos vamos a apañar con los tareas escolares?

¿Cómo les vamos a entretener?

 

Respecto a la primera, podemos empezar por cambiar la pregunta: ¿Cómo se va a apañar mi hijo/a? ¿Y qué puedo hacer yo para ayudarlo? (a los psicólogos nos gusta más acompañarlo, que es quizás menos padre solucionador)

 

Es cierto que, dada la situación tan repentina, está habiendo ciertas dificultades para organizarse en los centros escolares. Pero es cierto que los profesores están haciendo un gran esfuerzo y están surgiendo alternativas como las clases on-line o las comunicaciones directas vía email o por videoconferencia con los alumnos.

 

Sé que puede ser difícil, pero padres, resistiros para tomar el mando. Haced sugerencias a vuestros hijos, pero intentad todo lo posible, para que sea el alumno el que se comunique con el profesor, en el que le plantee las cuestiones. Porque en cierta manera una comunicación tan directa con el profesor no la tenía de modo presencial y es un modo estupendo de fomentar una mayor autonomía y responsabilidad del alumnos en sus tareas escolares, tarea pendiente de muchos alumnos…y de muchos padres y madres.

 

Y respecto a su tiempo libre, los padres estamos buscando alternativas, multitud de ideas y algunas son sin duda geniales y estamos disfrutando de ellas con nuestros hijos. El otro día, mi hijo de 3 años y yo disfrutamos como enanos haciendo un juego de la oca deportivo.

Pero por favor, que nos conocemos, que no se convierta en un “horror vacui” y nuestros hij@s tengan que estar todo el rato entretenidos por sus padres “monitores de tiempo libre”. Que puedan aburrirse, que jueguen, que jueguen entre ellos, que se peleen, que jueguen solos, que a veces vean la tele o la tablet, pues también.

 

  • Oportunidad para permitirnos días malos, días regulares y días buenos y saber comunicarlo

 

Son momentos duros para todos, de incertidumbre laboral y académica, de preocupación por seres queridos, de agobio por varios frentes. Y por eso alguno de nuestros hijos puede tener sin duda el día torcido. Y por eso alguno de nosotros puede en un momento estallar o estar irritable o desanimado. Y para que la cosa no se tuerza demasiado, es fundamental hacer un esfuerzo por comunicarnos, siendo receptores y también emisores.

 

Conectarnos con nosotros mismos (qué me está pasando), comunicarnos con los otros miembros de la familia y comunicarnos también con nuestros vínculos importantes en el exterior.

 

Nuestros hijos tienen que comunicarse también con sus iguales (si son adolescentes todavía más).

 

Si somos dos progenitores, fundamental, para poder intercambiarse los días malos en el que uno pueda apaciguar un poco los ánimos.

 

Y si estás solo/a en la crianza, imprescindible, para buscar un foco de desahogo y apoyo que no sean tus hijos.

 

 

  • Oportunidad para saborear momentos familiares con nuestros hijos (que los bandidos, no paran de crecer)

 

Si, de acuerdo, no todo son rosas, también hay espinas. Sin duda, hay momentos muy estresantes, en los que más que saborearlos, uno está deseando masticarlos sin piedad.

Pero también es cierto, que en esta circunstancia excepcional que estamos viviendo, si nuestra salud no los permite, estamos pasando un tiempo con nuestros hijos que nunca se volverá a repetir.

 

Y sí, se están fortaleciendo vínculos. Y hay una parte en los niños (sobre todo si son más pequeños) en que están encantados de estar con sus padres todo el día.

 

Y sí, se pueden saborear momentos de jugar juntos, reírse juntos, enseñarles cosas, ver una peli en familia.

 

Y sí, se pueden saborear momentos de leer, de sentirse independiente dentro tu casa, de reflexionar y mejorar pequeñas cosas para que nuestra convivencia sea mejor.

 

P.d. Muchos padres y madres pensarán que sus hijos son demasiado pequeños para aprovechar estas oportunidades. Nosotros siempre decimos que, respetando el momento evolutivo, la educación y el aprendizaje comienza desde el mismo nacimiento.

 

 

 

 

Os ofrecemos unas reflexiones de un artículo en el que hemos colaborado, junto con otros profesionales, donde se aborda el tema de la relación de los niños con las pantallas y aparatos tecnológicos y como intentar prevenir las adicciones en este campo: https://elpais.com/elpais/2019/10/08/mamas_papas/1570545338_529163.html

Os presentamos nuestros talleres para este curso 2019/2020, un espacio diferente para padres y madres que quieran disfrutar de su paternidad/maternidad, sin olvidarse de ser persona.

¡Pueden también venir tus hij@s y harán mientras estáis en el taller, actividades emocionantes y divertidas!

Os esperamos!!

Queremos presentaros un artículo publicado en el diaro EL PAIS, en el que hemos colaborado, donde reflexionamos sobre la socialización de nuestros hijos y cómo podemos ayudarles mejor:

https://elpais.com/elpais/2019/07/01/mamas_papas/1561965300_522356.html

 

Queremos presentaros un artículo publicado en el diaro EL PAIS, en el que hemos colaborado, donde abordamos cómo ayudar a nuestros hijos con diferentes miedos, y en concreto, con el miedo al agua, que les impide disfrutar en verano, solos o en compañía, de lagos, piscinas y mares:

https://elpais.com/elpais/2019/07/29/mamas_papas/1564390119_580340.html

Os queremos presentar el reportaje publicado en El País Semanal el 21 de Abril de 2019 y realizado por el escritor Juan José Millás, donde reflexiona sobre la ansiedad en nuestros días y nuestras maneras de afrontarla:

https://elpais.com/elpais/2019/04/15/eps/1555324939_697553.html

Es importante poner palabras a nuestros estados de emocionales para que estos no arrollen con su fuerza todo lo que les pasa por delante.

 

Los psicólogos ayudamos a poner a palabras a estados emocionales molestos o confusos y eso ayuda a poder manejarlos mejor.

 

Además de poner palabras, los psicólogos ayudamos también a ser más precisos con ellas, porque no es lo mismo “estar sumido en un pozo sin fondo” que “estar  sin ilusión por ser muy exigente”.

 

Los padres ayudan a poner palabras a las emociones de su hijos pero a veces los propios padres están tan activados emocionalmente, la amígdala de su cerebro está dando tantas señales de alarma, que salta el instinto de protección visceral, pasando  directamente a la acción e inhibiendo la respuesta del hijo.

 

¿Y entonces qué pasa?

 

Esta activación emocional en los padres provoca respuestas drásticas de todo o nada, reacciones de ataque-huida y suelen ir acompañada de frases o palabras-pánico: “se va a hundir”,  “desastre total”, “fracaso absoluto” , “lo están machacando “…

 

La consecuencia común a este estado es que los padres toman demasiadas cartas en el asunto y el hijo o la hija se acomodan, se vuelven sutilmente tiranos del “como no hagas algo, yo…”

y lo más importante, no aprenden a tener confianza en ellos mismos.

 

¿Y qué pueden hacer los padres?

 

El objetivo sería bajar algo la activación emocional para que uno pueda pensar con más claridad.

 

No se trata de dejar de sentir, porque las emociones son el motor de nuestras acciones (que motor hay más poderoso que el amor a los hijos).

 

Pero sí proporcionar más visión al amor ciego (“mi hijo no es así”) y más esperanza al amor desesperado (no podría contar cuántas veces he oído de los padres la frase sin consuelo “lo hemos intentado todo”).

 

A veces nos hacemos tanto cargo de los conflictos de nuestros hijos (con sus dificultades en las relaciones, en el estudio) que ellos se desentienden, se vuelven espectadores pasivos en un problema en el que ellos son los principales protagonistas.

 

Si como padres, bajamos la activación emocional de la amígdala, entra más en juego nuestra corteza cerebral que nos ayuda a escuchar mejor, a buscar opciones creativas y podremos ofrecer una ayuda de más calidad a nuestro hijo.  

 

Insisto, no se trata de volverse un padre racional y ecuánime, sino más bien un padre emocionalmente más inteligente.

 

Al tomar más distancia emocional, los padres son más capaces de ayudar a su hijo a poner palabras más precisas a lo que le pasa y éste vuelve a ocupar más el papel protagonista (aunque eche de menos y pida lo anterior)  de la resolución de sus problemas.

 

En el fondo, le estamos transmitiendo  que “él puede”, en el fondo, se está potenciando su autoestima.

 

Tropezar o fracasar: un ejemplo en los estudios

 

Además de padre y psicólogo, soy orientador psicopedagógico en un centro escolar.

Muchos de los padres y madres que solicitan hablar conmigo lo hacen porque su hijo no va bien en los estudios.

Su activación emocional es alta, lo cual es muy comprensible, ya que en los estudios, no sólo está en juego aprobar o suspender, sino también capacidades  cognitivas, emocionales y sociales (aprender a pensar, la perseverancia, aprender a esperar, etc.) y los padres lo saben.

 

Pues bien, los padres suelen venir a hablar conmigo, o muy enfadados (con el centro educativo, con su hijo, con ellos mismos), o muy preocupados (de no dormir por las noches)  o muy derrotados (la frase que decía antes de “lo hemos intentado todo”)

 

Quizás el factor común a todos ellos (no siempre explicitado) es el gran miedo a que su hijo no salga adelante.

 

 Como mencioné más arriba, el pánico provoca respuestas drásticas de ataque (nadie entiende a mi hijo, sólo yo sé cómo tratarle) o de huida (cambio de centro repentino o tirar la toalla).

 

Este gran miedo, sin duda, está en el ADN de todos los padres y es necesario.

Sin embargo, si se dispara y generaliza en exceso, deja de ser adaptativo para ellos y para sus hijos.

 

Consecuencias de una excesiva activación emocional en el estudio

 

En el caso del estudio, desencadena en los padres una urgencia por encontrar una solución inmediata y definitiva, cuando a lo mejor se trata de hacer pequeños cambios que van ir teniendo su efecto poco a poco.

Esto provoca que algunos padres estén más pendientes de las tareas escolares que sus propios hijos. (No es infrecuente escuchar como justificación de los estudiantes “es que a mi madre se le ha olvidado).

Y se sienten  con ellos a estudiar la lección mientras se muestran distraídos o ausentes.

Se apodera una obsesión por los resultados sin pararse a pensar más allá.

 

 

 

Pero ¿cómo bajar la activación emocional?

 

Porque también es cierto que muchos padres, a pesar de su estado inicial, logran bajar su activación emocional (yo lo veo en las  entrevistas) y logran ser más eficaces ayudando a sus hijos. ¿Cómo lo hacen?

 

Si no han podido hacerlo solos, suelen buscar un interlocutor adecuado, donde se sienten entendidos pero también calmados. (A veces es la propia pareja o una amigo o también un profesional, pero la idea es no buscar a alguien que te encienda todavía más)

 

En segundo lugar, logran reconocerse muy alterados, y eso paradójicamente les calma.

 

En tercer lugar logran escuchar otra perspectiva, sin descalificarla, aunque no se esté de acuerdo. Es otra forma de ver que complementa perspectiva como madre o como padre.

 

Están dejando intervenir más a la corteza cerebral, la amígdala está más calmada y entonces comienza la comunicación, el encuentro está empezando a ser productivo.

Y ahí es donde se abandona el todo o nada y comienzan los matices, donde podemos salir del círculo vicioso de frustración con nuestro hijo, donde el fracaso absoluto puede pasar a ser un tropiezo productivo.

 

En ese terreno, se crea un clima más propicio para que las herramientas que tanto le has dicho a tu hijo que haga (“¡organízate! ¡hazte esquemas!  ¡repasa! ¡no dejes todo para el último día! …) sean más escuchadas.